ಶನಿವಾರ

¿al fin vivo, no? 

era eso.

ಬುಧವಾರ

Ya perdí. Odio todo. Y todos los días un poquito más.
Ya me rendí, un montón de veces. Y ahora de vuelta.
Y no es lo mismo hoy que hace unos años. Mi piel.
Lo noto, no estoy exagerando. No es lo mismo.

Estoy cansada. Mi cuerpo chilla. Mutaré?. Andrógina
siempre. El mundo es puro desierto. Soy mi propio cactus.
Me auto pincho. A fuerza de ser algo más para que todo
sea otra cosa. Me auto como, por dentro, soy un hambre.
Que duele bien. Que despierta. Me auto revuelvo.

Vuelvo al vómito. Estertor. Si ya estás en el suelo
Movete, no?. Y no es el hígado. Es el asco.
Prueba y error. La fruta se pudre. Prueba y error.
Y la acidez. El descontento de mi cara al mirar

demasiadas cosas.

ಗುರುವಾರ



Si es posible que no sean ya necesarias ni las armas ni los ejércitos, sin que haya sangre y fuego para lavar la historia, sea. Pero si no. ¿Y si nos vuelven a cerrar todas las puertas? ¿Y si la palabra no logra saltar los muros de la soberbia y de la incomprensión? ¿Y si la paz no es digna y verdadera, quién -preguntamos- nos negará el sagrado derecho de vivir y morir como hombres y mujeres dignos y verdaderos? ¿Quién nos impedirá entonces vestirnos otra vez de guerra y muerte para caminar la historia? ¿Quién? Subcomandante Marcos

¿Qué viene después de la manifestación, el diálogo y la convergencia? Afortunadamente, no lo sabemos. El futuro está abierto a toda posibilidad. Ninguna puerta conduce dos veces a la misma habitación. Lo que sí sabemos es que la resistencia, la militancia y el compromiso no son una opción entre otras. No se elige: se soporta o no se soporta.

¿Dónde no está el terror? En la esperanza. En la certeza irreductible de que aún quedan asombros no estrenados. Y que somos extranjerxs de un país que no existe aún, que está consensuando de manera lenta pero firme sus cartas de ciudadanía. Sus sonerías rojas y violetas.

Y no sólo debemos habitar una época que simula un desierto. Donde la felicidad es siempre sospechosa, y el placer siempre clandestino. Debemos, además, leerlo atentamente. Leer el desierto y descubrir que no es tal, que nos mintieron. Que la miel es más dulce que la sangre, siempre. Que los pueblos y sus luchas no quieren ser la omnipotencia, desean ser la belleza. La vida bella que nos robaron.
Y sabemos de los peligros. Sabemos que el único modo en que fue, es y será posible algún grado de libertad real para el ser humano, es porque existen aquellxs que opusieron su vida a la norma. Sabemos además que nuestra resistencia es vital, porque más allá de la victoria, somos la caja negra, la memoria ambulante para que las generaciones del futuro sepan que existieron estas luchas. Que no estarán nunca solxs. Que somos millones a lo largo de la historia los que dijimos No. Un No inmenso, y muchos Síes. De eso se trata.

Estamos en el momento incandescente en que todavía existimos indefinidamente, o ni siquiera existimos, sólo somos una manifestación de lo nuevo. Tenemos que evitar a toda costa el momento posterior en que el movimiento se disuelve en la ley, evitar que nuestro destino sea herir la regla sólo para reanimarla después. Aunque ese momento llegará, inexorable y afortunadamente, porque querrá decir que nuestro esfuerzo no fue en vano. Que lo esencial aún no ha sido dicho.

Se trata de salvar la fugacidad de las decisiones, la idea de la intervención inesperada, el acontecimiento irrepetible pero intenso que nos hiere para siempre en su chasquido.

El espíritu de dar no sólo lo que se tiene sino también lo que no se tiene: dicho exceso desborda el presente, la propiedad, el derecho, la ética y la política. Es amor puro.







Máquinas de amor: Reflexiones sobre capitalismo cognitivo, técnica y movimientos sociales







¿seré yo una poderosísima máquina de destrucción de lo bello?



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/La fiebre me golpeaba las sienes. Salí. La jauría estaba dormida y no me oyó. Iba descalza. La jauría no me oyó.

Marosa di Giorgio